Marine Le Pen, líder del partido Rassemblement National, ha declarado su intención de combatir lo que ella denomina un “Nuevo Orden Mundial”, el cual, según su afirmación, ha sido responsable de su exclusión de la contienda presidencial en Francia. Esta declaración se produjo tras un fallo emitido por un tribunal de París el pasado 31 de marzo, que la inhabilitó para participar en las elecciones. Le Pen califica esta decisión como una clara violación de los derechos de millones de votantes y la presenta como un ataque por parte de élites globales contra la soberanía francesa.
En su primera intervención pública posterior a la sentencia, Le Pen se mostró desafiante y no dio señales de retirarse del ámbito político. En un discurso apasionado dirigido a sus seguidores, afirmó: “Seamos claros: he sido excluida, pero en realidad son millones de franceses cuyas voces han sido silenciadas”. La política francesa enmarca esta prohibición—resultado de batallas legales previas—como evidencia de un esfuerzo coordinado por fuerzas poderosas para reprimir su movimiento anti-establishment.
Reacciones y Consecuencias
El veredicto ha reforzado la determinación de Le Pen, convirtiendo lo que podría considerarse un revés personal en un llamado más amplio a sus bases. Al mencionar el “Nuevo Orden Mundial”, recurre a narrativas conspirativas arraigadas, acusando al sistema judicial de servir a una agenda internacional que ignora la voluntad popular. En este contexto político tenso, los próximos pasos de Le Pen podrían transformar significativamente el panorama del ala derecha en Francia.
Le Pen fue condenada por malversación y se le prohibió participar en elecciones durante cinco años, con efecto inmediato. En una entrevista con el canal francés TF1, calificó el fallo como una “decisión política” y sostuvo que se había “violado completamente” el estado de derecho. “Millones de ciudadanos franceses están indignados. En Francia, el país de los derechos humanos, los jueces están aplicando las leyes de un régimen autoritario”, expresó Le Pen, refiriéndose a este evento como un “día trágico para nuestra democracia”.