Irán ha encendido la alarma global al amenazar con desarrollar armas nucleares, lo que intensifica los temores de una carrera armamentista que podría desembocar en una Tercera Guerra Mundial. El lunes, el legislador Ahmad Naderi citó a Corea del Norte como un modelo a seguir, afirmando que un arsenal nuclear protegería a Teherán de la agresión estadounidense. Este cambio audaz en la retórica amplifica las tensiones en medio de negociaciones estancadas y advertencias de represalias por parte de Estados Unidos.
Naderi, figura clave en el Presidium del Parlamento iraní, expuso su postura pocos días después de que el ex presidente estadounidense Donald Trump amenazara con devastadores ataques aéreos si Irán rechazaba un nuevo acuerdo nuclear. Estas declaraciones desnudan décadas de insistencia por parte de Teherán sobre la naturaleza pacífica de su programa nuclear, exponiendo lo que los críticos consideran las verdaderas ambiciones del régimen. El líder supremo, Ayatollah Ali Khamenei, ha reafirmado su compromiso de responder rápidamente ante cualquier ataque estadounidense, mientras la postura provocativa de Irán pone en riesgo la estabilidad regional y mundial.
La búsqueda de poder nuclear
Según informes, Naderi, junto con las amenazas de Khamenei, refuerzan las preocupaciones sobre cómo el liderazgo iraní ve las armas nucleares como un medio de presión más que como una línea roja. Al rechazar diálogos directos y aumentar el enriquecimiento de uranio, el régimen parece estar poniendo a prueba la determinación de Washington, apostando a que una política agresiva le permitirá obtener concesiones en lugar de enfrentar un mayor aislamiento.
Los comentarios de Naderi fueron explícitos: “Observar el comportamiento y discurso de Trump durante su primer mandato con respecto a Corea del Norte demuestra que tener un arma nuclear ha brindado seguridad a ese país”. Además, afirmó: “Durante mucho tiempo, muchos élites y simpatizantes del país y la Revolución Islámica han pedido que se pruebe y anuncie la bomba. Si también tuviéramos armas nucleares, Trump no se atrevería a amenazar con bombardear.”
Reacciones ante las amenazas
La comparación con Corea del Norte es especialmente alarmante. El arsenal nuclear de Pyongyang le ha permitido evitar confrontaciones militares directas mientras continúa realizando pruebas misilísticas y manteniendo una postura agresiva. La argumentación de Naderi sugiere que los sectores más duros dentro del régimen iraní ven las armas nucleares como el último recurso disuasorio —una postura que contradice directamente la insistencia oficial de Teherán sobre sus ambiciones nucleares enfocadas únicamente en la producción energética.
Las recientes amenazas formuladas por Trump —“será un bombardeo como nunca antes se ha visto”— fueron respondidas con desafío por parte del liderazgo iraní. Khamenei advirtió que cualquier ataque estadounidense sería respondido con “un fuerte golpe recíproco”, mientras Ali Larijani, asesor principal del líder supremo, declaró que un ataque americano obligaría a Irán a avanzar hacia las armas nucleares para defenderse.
Una estrategia basada en la fuerza
El rechazo de Irán a negociaciones directas pese a la oferta de diálogo por parte de Trump revela un régimen que solo responde ante lo que percibe como fuerza. Tras la retirada estadounidense del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA) en 2015 y la reimposición de sanciones, Irán violó sistemáticamente los límites establecidos sobre el enriquecimiento de uranio. Actualmente, con niveles de enriquecimiento muy superiores a los permitidos por el JCPOA, Teherán desafía abiertamente las preocupaciones internacionales mientras exige alivio en las sanciones.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Esmaeil Baghaei calificó las amenazas de Trump como “una afrenta sorprendente a la esencia misma de la paz y seguridad internacional”, sin embargo, las acciones mismas de Irán —incluyendo guerras por poder, desarrollo misilístico y ahora posturas nucleares— demuestran un patrón claro hacia la desestabilización.
Doble juego nuclear
La insistencia del régimen en mantener negociaciones “indirectas” mediadas por Omán resalta aún más su renuencia a participar en diálogos sinceros. El presidente Masoud Pezeshkian confirmó que Khamenei había permitido conversaciones tras bambalinas pero descartó cualquier diálogo directo “bajo máxima presión y amenaza militar”.
Agenicias occidentales han acusado desde hace tiempo a Irán de buscar capacidades nucleares bajo el pretexto de necesidades energéticas civiles. La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) ha señalado repetidamente sitios nucleares no declarados, mientras que el uranio enriquecido hasta niveles cercanos al grado armamentista plantea riesgos innegables para la proliferación. Las declaraciones recientes de Naderi solo validan estos temores.
La retórica actual proveniente del régimen es un cálculo arriesgado que asume que las amenazas nucleares forzarán concesiones en lugar de provocar medidas más severas. El manual estratégico del régimen se asemeja al utilizado por Corea del Norte: escalar tensiones, exigir alivio en sanciones y explotar divisiones diplomáticas. Sin embargo, a diferencia de Pyongyang, Irán está aún años lejos de contar con un arma nuclear funcional —un plazo que podría cerrarse pronto si Occidente no responde decisivamente.
La elección para la comunidad internacional es clara: aceptar las ambiciones nucleares iraníes como inevitables —recompensando décadas de engaños— o confrontar al régimen con una presión inquebrantable antes de que sea demasiado tarde. A medida que Khamenei y sus aliados hacen sus intenciones inconfundibles, el mundo ya no puede permitirse mirar hacia otro lado.