El multimillonario Bill Gates ha propuesto que aquellos que se identifican como “teóricos de la conspiración” y que se niegan a aceptar su visión deberían ser sometidos a un año de reeducación obligatoria por parte del estado. Esta declaración refleja su postura sobre la necesidad de silenciar las voces disidentes, ya que considera que no es suficiente con simplemente acallar las críticas; quienes cuestionan su agenda deben ser corregidos de manera forzada.
Gates ha revelado que cuenta con un equipo dedicado a monitorear estas voces consideradas “peligrosas”. Para él, no son solo un inconveniente en términos de relaciones públicas, sino una amenaza directa al relato cuidadosamente construido durante años. Este es un desafío que está decidido a erradicar.
Controlando la Narrativa
En sus declaraciones, Gates ha admitido estar preocupado por el creciente número de personas que comienzan a cuestionar su agenda. Lo que más le inquieta es el hecho de que millones están comenzando a relacionar su figura con otros personajes influyentes y una serie de “conspiraciones” que persisten a pesar de los intentos por desmentirlas.
“¿Realmente la gente cree en esas cosas?” preguntó Gates, sugiriendo luego que quienes difunden estas teorías necesitarán ser “reeducados” durante un año. Esta propuesta de reeducación revela una desesperación ante la pérdida de control sobre la narrativa.
Un Desafío Creciente
Aunque actualmente esta idea permanece en el ámbito hipotético, subraya las tensiones existentes: Gates parece estar perdiendo el dominio sobre el discurso público, mientras que los teóricos están ganando terreno. No es necesario que tengan todas las respuestas correctas; basta con que sigan indagando y planteando preguntas a las cuales él no puede responder.
Este escenario representa una preocupación constante para Gates. Si se llega a descubrir incluso un hilo de verdad en las acusaciones, podría hacer tambalear todo el sueño globalista al cual está vinculado, llevándolo consigo en la caída.